La Viuda

Franck Fernández – traductor, intérprete, filólogo

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha cosechado la vid, que es el arbusto que nos brinda la uva, sabiendo fermentarla para obtener lo que conocemos como vino. No siempre el vino ha sido como lo conocemos en la actualidad. El proceso de modernización y de mejora de la calidad ha sido grande durante milenios. Existen varios tipos de vino, los enólogos repertorian 12 tipos, y uno de estos tipos es lo que se llama vino espumoso. Entiéndase por espumoso aquellos que, por su proceso natural de fermentación o por adición voluntaria de un gas, tienen características burbujeantes. Entre los vinos burbujeantes el rey es el vino de champaña.

Fue en la región de Reims, en Francia, donde un monje llamado Don Perignon supo controlar este proceso natural de fermentación para sacarle provecho y obtener lo que hoy conocemos como vino de champaña. Era precisamente en la hermosa catedral de esta ciudad donde se realizaban las consagraciones de los reyes de Francia, vinculándose tan exquisito brebaje a estas actividades y convirtiéndose en el vino de la nobleza francesa.

Desde 1887 los productores de champaña lograron un decreto ante el Tribunal de Apelaciones de Reims mediante el cual se delimitaba la zona específica donde se cultivaba, cosechaba, fabricaba y embotellaba este vino. Es lo que se llama “Denominación de Origen Controlada” o DOC. Otros, incluso utilizando el mismo método, tienen prohibido el uso de la palabra champaña, utilizándose entre otras “cava” que, por ejemplo, es el nombre utilizado para este tipo de vino espumante fabricando en Cataluña.

Existen muchas casas de champaña de gran prestigio, incluso pequeños productores con una pequeña producción, pero hoy quiero hablarles de un personaje que marcó la historia de este vino de champaña: Barbe Clicquot Ponsardin. Esta señora nació en 1777 en el seno de una familia aristócrata. Su padre era barón y ella se casó con el joven heredero de la casa productora de champaña, François Cliquot, casa fundada en 1772. Los Cliquot eran banqueros y negociantes en telas y decidieron involucrarse en la producción del champaña, región en la que tenían importantes lotes de tierra.

François supo transmitirle a su esposa Barbe su amor y sus conocimientos necesarios para la sabia mezcla de pinot noir, pinot meunier y chardonnay necesaria para la producción de un buen champaña. En 1805 François falleció repentinamente debido a una fiebre maligna, dejando a su familia y a su industria en una gran desolación. Pero Barbe no se dejó amedrentar por esta situación. En una época en que las señoras de sociedad tenían como única misión atender a su familia, ser buenas madres y ocuparse de cuestiones de caridad, Barbe tomó las riendas de su negocio inspirada en los conocimientos que la había dejado su esposo. Así llegó a ser conocida como “la Viuda” o “La Gran Dama del Champaña”. En 1814, a la caída de Napoleón, su negocio estaba casi en la quiebra. Tomó más de 10 mil botellas de sus bodegas, alquiló un barco y se las llevó a San Petersburgo, entonces capital del imperio ruso, y supo vender cada una de ellas. Éxito rotundo. El champaña dejó de ser exclusividad de los grandes de Francia para pasar a las cortes europeas. Solo después de la Segunda Guerra Mundial el champaña se ha banalizado y llegado a todas las mesas.

Barbe Cliquoit Ponsardin no solo fue una excelente comerciante, sino que también supo introducir modificaciones de gran importancia en la fabricación de este glamoroso vino. A ella se debe la creación de la tabla de movido, que no es más que un panel donde las botellas inclinadas se giran a mano cada cierto tiempo y a cierto ángulo para favorecer la efervescencia natural que caracteriza el champaña. También se le debe a ella la incorporación de un poco de vino tinto a la mezcla de cepas pinot noir, pinot meunier y chardonnay para obtener un champaña rosado. Esto se lograba antes añadiendo bayas de saúco. Fue ella también la creadora de la añada, es decir, la selección de la producción específica de un año con especiales características de calidad. Estas innovaciones poco a poco fueron adoptadas por el resto de los fabricantes de este y de otros vinos.

Desde 1972, y para celebrar el bicentenario de la Casa Cliquot, cada año se otorga el premio “Veuve Cliquot” a una mujer de negocios. A semejanza de la vocación internacional de la marca, el premio no solo se otorga a mujeres empresarias francesas, sino que es un premio a todas aquellas en el mundo que poseen las cualidades que las hacen pioneras capaces de ir más allá de todo desafío.

Este premio es una forma de hacer honor a esa gran dama que, ante la adversidad de la pérdida de su marido y de la muy probable quiebra de su negocio, supo enfrentarse al qué dirán y a las normas de su época dándole gran renombre a la empresa que había heredado de la familia de su difunto esposo.

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