La dama de Elche

Franck Fernández – traductor, intérprete, filólogo

Desde hace muchos siglos, el Mediterráneo ha sido cuna de grandes culturas. Nacieron, se desarrollaron, murieron. O para hablar con propiedad, dieron lugar a nuevas culturas, siendo asimiladas por otras que llegaron pacíficamente o por medio de la guerra. Hay una cultura que floreció en el suroeste de España entre los siglos V y IV antes de Cristo. Su asentamiento se dio fundamentalmente en lo que hoy son las tierras de Valencia, de Cataluña, incluso de las Islas Baleares. A esta cultura se le llama cultura ibérica.

Hay que decir que no se sabe mucho de esta cultura ni de sus habitantes. Vivían en pequeños conglomerados rodeados por murallas que los protegían de sus enemigos, trabajaban la tierra, sus reyes se rodeaban de guerreros que los protegían, sabían trabajar el hierro con el que hacían sus armas. También tenían un muy bien logrado dominio de la cerámica y adornaban sus vasijas con hermosos y elaborados dibujos. Por otra parte, tenían muy buena mano con la orfebrería fabricando hermosas joyas. Sabían fabricar tejidos. Como en muchas culturas antiguas, las mujeres desempeñaban un importante papel dentro de la sociedad. Eran importantes en la medida en que representaban la fertilidad… de ahí que en estas culturas antiguas mediterráneas hubiera tantas diosas mujeres, casi siempre relacionadas con la tierra, la fertilidad y la procreación.

Esta cultura ibérica dio paso a otras que se vinieron a establecer en estas tierras españolas desde el Líbano y más adelante desde Cartago. Otras le siguieron: romanos, visigodos, árabes… Los iberos era una cultura relativamente bien constituida para su época, prueba de ello es que también tenían alfabeto, aunque hasta el día de hoy no se ha podido entender lo que escribían. Un exponente mayor de la escultura ibérica es la muy famosa Dama de Elche, conocida hasta la saciedad por reproducciones y dibujos. Lleva ese nombre porque fue descubierta en un terreno de labranza a 2 km al sur de la ciudad de Elche, en Valencia.

Pero algo debe quedar claro. Si bien la Dama de Elche es tan famosa por el buen trabajo del escultor que nos muestra perfectamente el rostro de una hermosa mujer, seria, bien vestida y profusamente alhajada, la Dama de Elche no es el único exponente de este tipo de esculturas entre los ibéricos. También existen otras damas, entre ellas la Dama de la Baza y la Dama del Cerro de los Santos. El descubrimiento de la Dama de Elche fue fortuito. El 4 de agosto de 1897 en la loma de La Alcudia, un joven jornalero llamado Manuel Campello, Manolico como lo conocían en el pueblo, a la hora del descanso comenzó a dar golpes de pico cerca del lugar donde trabajaban la tierra y allí descubrió el rostro de una hermosa mujer. Pronto llegó al lugar el dueño del terreno, el doctor Manuel Campello, que se la llevó a su casa. La escultura había sido enterrada, como para protegerla de alguien o de algo. Fue bien rodeada por arena de mar, lo que hizo que durante más de 2000 años se mantuviera en un entorno húmedo. Al sacarla del sitio de su enterramiento, aún llevaba vestigios de las pinturas que alguna vez la adornaban. En los ojos llevaba pasta de vidrio para darle mayor realidad al personaje. El Doctor Campello, a petición de los habitantes de Elche, la colocó en el balcón de su casa para que pudiera ser admirada por todos.

Nunca sabremos si fue una reina, una sacerdotisa o una diosa del panteón ibérico del que tampoco apenas nada conocemos. La Dama de Elche está ricamente ataviada, con grandes collares, varias capas de tejidos y alrededor de sus orejas encontramos unos rodetes o moños que más tarde fueron inspiración para el peinado de la princesa Lea de la película Star Wars. Uno de los collares incluso lleva amuletos para la protección de esta dama. Tampoco nada podemos saber del autor ni con qué intención fue esculpida. En un comienzo después de su descubrimiento en 1897 se le llamó la Dama Mora, creyendo que era un trabajo de los almoravides que antaño vivieron en estas tierras del sur de España. En la espalda de la escultura encontramos un gran orificio. Mucho se especuló sobre el uso de este gran oficio… Se pensaba incluso que era un lugar para guardar joyas o para colgarla de la pared. Lo cierto es que las otras Damas también presentan este oficio en la espalda. Al respecto ya la ciencia habló después de estudios de pequeños restos encontrados en estos orificios. Decididamente eran urnas para recibir las cenizas de seres humanos después de su cremación. La cantidad de fósforo, estroncio y calcio corresponden exactamente a las proporciones de las cenizas de cremaciones de los cuerpos humanos.

Pues bien, después de su descubrimiento en Elche, al Museo del Louvre llegó la noticia del descubrimiento y un emisario fue enviado a negociar su compra. Inicialmente se le propusieron mil francos franceses de la época al Doctor Manuel Campello. Después de duras discusiones el emisario del Louvre la compró por 4000 francos franceses. Salió de España por el puerto de Alicante llegando a tierra francesas por el puerto de Marsella y de ahí a París al célebre museo de la capital francesa. Se colocó en un armario de cristal y se expuso en las salas orientales porque aún consideraban que era una obra de las lejanas tierras de Asiria y Babilonia.

No pocas fueron las gestiones que hicieron los españoles para recuperar su importante obra. El malestar entre los antropólogos españoles por aquella venta era grande. Todas las reclamaciones cesaron primero con la Guerra Civil española y después con la Segunda Guerra Mundial. Cuando el Museo del Louvre fue evacuado, a la Dame de Elche se le envió a la ciudad de Montauban con la intención de protegerla de eventuales bombardeos, como al resto de las obras del Louvre que fueron llevadas a diferentes sitios para su protección. Una vez en el poder el Mariscal Petain como presidente de la autodenominada “Francia Libre”, continuaron las negociaciones, esta vez con el General Francisco Franco ya en el poder en España.

Francia “compraba” la no participación de España en la Segunda Guerra Mundial con la entrega de la Dama de Elche junto con otras joyas del arte español como la Inmaculada de los Venerables de Murillo, las coronas visigodas del tesoro de Guarrazar y el archivo de Simancas. De esta forma se quería que España se mantuviera neutral en la guerra. En contrapartida, España entregó a Francia un cuadro del Greco, otro cuadro de Velázquez y un tercero de Goya. Todo esto lo utilizó Franco para enardecer el exacerbado sentimiento nacionalista que prospera en este tipo de regímenes populistas como el que instauró el Caudillo en España.

La Dama de Elche estuvo en el Museo del Prado hasta que fue trasladada a su sitio definitivo de exposición, en el Museo Nacional de Antropología de España que se puede visitar en la calle Alfonso XII de Madrid.

No han faltado entendidos, como es el caso de un antropólogo de los Estados Unidos, que hacia el año 1990 argumentaba que la Dama de Elche es una obra moderna debido a su muy logrado trabajo, sin embargo, un análisis de policromía sobre los restos de pintura que aún quedan demostraron la autenticidad de la obra y los estudios de carbono 14 demostraron igualmente que era una obra de los siglos V o IV antes de Cristo.

Otras de las Damas de la cultura ibérica están representadas de cuerpo entero, por lo que algunos entendidos se preguntan si la escultura que conocemos hoy es parte de una escultura mayor y que se perdió cuando la o las personas que la escondieron para protegerla solo pudieron ocuparse del busto. En todo caso, la escultura como la conocemos en la actualidad tiene las siguientes dimensiones: 56 cm de alto 45 de ancho y 37 de profundidad.

A pesar de los 2400 años que nos separan del momento en que un artista ibérico representara a esta mujer sacerdotisa, reina, diosa o lo que haya sido en realidad aún nos mira con un subyugante rostro serio, recordándonos que en esta vida estamos de paso, que hubo otros antes que nosotros y que, de la misma forma, habrá otros más después de nosotros.

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